Semana XIX del tiempo ordinario
Hermanas y hermanos, la primera lectura de hoy y el evangelio tienen en común la hora: ambas se refieren a la noche. Y en ambas casos la noche es ambivalente, por decirlo así. En la lectura de la sabiduría, porque se habla de la noche de la Pascua de los hebreos en Egipto, que fue victoria y gozo para el pueblo de Dios, pero luto y derrota para la nación opresora. En el texto de Lucas, en cambio, la ambivalencia de la noche viene de lo que puede suceder en esas horas: el que duerme puede ser robado y desposeído, pero el que está atento y obediente no se quedará sin su buena recompensa.
Esa lista nutrida de hechos salvadores acaecidos en la noche es como la base para otra lista más abundante de imágenes y comparaciones que los autores espirituales han utilizado tomando siempre como base a la noche. Es sobre todo San Juan de la Cruz quien nos ilustra en esta materia con sus profundas enseñanzas sobre las “noches” del alma y del espíritu. La idea fundamental es que la fe no es todavía la luz completa, que sólo contemplaremos más allá del de la muerte. Y sin embargo, la fe sí es nuestra guía y para vivir de fe hay que superar más de una “noche.”
El tema de la noche va unido muy naturalmente con el de la “vigilia,” de donde obviamente viene el “vigilar.” En su sentido original, este “tener cuidado” significaba simplemente estar en “vigilia,” es decir, permanecer despierto aunque todos duerman. Es una buena imagen de lo que es un cristiano: alguien que está despierto. “Dormir” equivale a dejarse llevar, por ejemplo, por los valores y solicitaciones del mundo; “estar despierto” significa entonces ver y hacer ver los engaños propios de las tinieblas. Lo mismo que en su dimensión corporal, esto de “estar despiertos” cuesta trabajo, porque lo más fácil es dejarse arrastrar por la corriente.
Vigilamos cuando sabemos que un mal puede venirnos pero también cuando aguardamos con amor a alguien. Las dos cosas son necesarias y son recomendados por Cristo, Nuestro Señor. Tenemos que vigilar para que ningún ladrón nos robe pero también vigilamos porque sabemos que nuestro Amo y Señor viene.
Feliz y bendecida semana.
