Domingo 7 de Diciembre del 2025

Semana XXXIII del tiempo Ordinario

Hermanas y hermanos, la justicia es el reclamo de Juan Bautista en el evangelio y es la virtud primera del Mesías anunciado por el profeta en la primera lectura. La justicia por fuerza habrá de entrar en conflicto con los que lucran de la injusticia, pero como fruto de la justicia viene la paz.

También la segunda lectura nos habla de paz, en una clave que tiene particular belleza: la armonía. El evangelio de hoy, es un llamado ardiente al arrepentimiento. Juan predica con voz incendiada reclamando conversión. Su mensaje no cayó completamente en el vacío pues los que lo oían “confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.” No todos, sin embargo, iban con intención de escuchar al profeta o de buscar la voluntad de Dios. Había también curiosos, fisgones y espías. El texto nos describe el lenguaje agrio que el profeta del desierto tiene para esta clase de gente, que nunca llega a las obras de conversión. Los trata de víboras y les anuncia severos castigos en el fuego que no muere. Tenemos que entender la seriedad del momento que vivimos. Optar por Dios o rechazarle es la única decisión que marcará toda nuestra eternidad. Y no cabe ser espectadores de este drama: el que no acepta de corazón su lugar como amigo del Señor se está declarando su enemigo.

Por lo demás, aquí hay varias clases de fuego implicadas: el fuego de la predicación profética y el fuego del dolor que nace en nosotros cuando reconocemos que hemos dado la espalda a Dios. Pero estos dos fuegos quedarían en nada sin el tercer y definitivo fuego, anunciado por el Bautista: el que viene del Espíritu Santo. Tal será el sello propio del ministerio del Mesías prometido. El Adviento está escrito con caracteres de futuro. La palabra misma mira hacia el porvenir, lo que está por llegar. Y quien habla de futuro habla de esperanza, pero ¿cómo alimentar la esperanza? La esperanza se alimenta del testimonio y de la paciencia. El testimonio es el que dan las Escrituras que nos muestran por cuántos caminos diversos socorre Dios a los suyos. La paciencia es aquí la capacidad de declararnos más fuertes que el presente adverso: cada día que resistes es un día en que has vencido.

Feliz y bendecida Segunda semana de Adviento
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