Domingo 25 de Enero del 2026

Tercera semana del tiempo ordinario

Hermanas y hermanos, como Juan, también Nuestro Señor tiene un mensaje de conversión en sus labios. La tarea de estos dos predicadores es semejante también en que su palabra se dirige a las multitudes, y particularmente a los despreciados y a los pobres, más que a los poderosos. Por eso vemos a Jesús en tierra considerada prácticamente de paganos, lo que en otro tiempo fue la heredad de las tribus de Zabulón y de Neftalí.

Pero así como hay parecidos hay diferencias. Juan se dedicaba sobre todo a bautizar, de donde vino su apelativo de “Bautista” mientras que Jesús inicia su obra sobre todo predicando. Juan permaneció junto al Jordán, como gesto profético que empalma con la alianza y la entrada a la tierra prometida; Jesús, en cambio, es itinerante y va como al encuentro de los relegados. Detrás de estos hechos externos hay cambios más profundos, como veremos. No fue una coincidencia que Jesús empezara a predicar cuando Juan fue encarcelado. El evangelista anota que Jesús dejó Nazareth “al enterarse” de la prisión de Juan. Es un momento decisivo de la vida del Señor: lo que solemos llamar su “vida oculta” termina y dejando a su Madre y demás parientes atrás, empieza el camino incierto y duro de la predicación pública. ¿Por qué lo hace? Tal vez le mueve el deseo de no dejar apagar el fuego de esperanza que Juan había encendido y que ya no podría alimentar desde la cárcel de Herodes. Tal vez ha “leído” ese signo de la cárcel de su Predecesor y sabe bien que el camino de obediencia a la voluntad del Padre pasa por ser rechazado. Lo que sí queda claro es que Jesucristo no sale de Nazareth a disfrutar del mundo y que tampoco espera algo distinto de lo que ve que le ha sucedido a Juan. Jesús no depende de nosotros para amarnos. Por eso puede derrochar luz, gracia, bondad. Puede dar porque no está comprando nuestra aceptación ni está esperando nuestra aprobación. Su amor es libre precisamente porque no tiene que esperar a que le amemos para amarnos. Aún más: con desbordante generosidad llama a otros a que se asocien a su misión; estos serán sus primeros apóstoles. Un día hará llegar la buena noticia a todas las naciones.

Feliz y bendecida semana para todos.
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