IV semana de Cuaresma
(IV semana de Cuaresma). Hermanas y hermanos, Las lecturas de hoy nos presentan a Jesucristo como el ungido, el nuevo David, el rey colmado tanto de poder como de bondad. Su ministerio es arrancarnos de las tinieblas, sanar nuestra ceguera, regalarnos nueva luz. Las lecturas tienen su aplicación práctica en las consignas que nos da el Apóstol en la segunda lectura de hoy: “Caminen como hijos de la luz. Toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz. Busquen lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas.” Esto, que es la estrategia central de nuestra Cuaresma en este ciclo litúrgico, bien merece convertirse en propósito para la vida entera, porque si lo pensamos bien, la Cuaresma es a la Pascua como esta vida es a la eternidad junto a Dios.
David fue elegido gracias a la mirada de Samuel que supo ir más allá de las apariencias. Podemos bien decir que Samuel tenía una “luz” de la que carecía el común de la gente y que con esa luz pudo ver las cosas un poco a la manera de Dios. Por eso rechazo lo que parecía evidente y se inclinó por el candidato que nadie hubiera pensado, el menor de los hijos, David, que ni siquiera era contado como hijo, porque recibía tratamiento de siervo y cuidador de rebaños.
“Yo soy la Luz del Mundo”. El evangelio de hoy puede leerse en versión abreviada o completa; proviene del capítulo 9 del evangelio según san Juan. Sinceramente creo que vale la pena mirar el texto largo que contiene la frase fundamental de Cristo, “Yo soy la Luz del Mundo,” la cual no está en la versión breve.
El proceso que vive este ciego “de nacimiento” es toda una parábola en sí mismo; es un camino que nos permite revisar nuestra propia historia porque “de nacimiento” no nos viene la luz que necesitamos para tener vida eterna. La analogía es mucho más estrecha si tomamos el elemento de la piscina en que el hombre se lava y que viene a ser como una imagen entonces del bautismo que nos ha concedido tener la luz de la fe. Es interesante revisar la actitud de los fariseos. Ellos ven con claridad que ha habido un milagro pero no dan el paso a reconocer que ese milagro signifique algo. Esto es importante porque nos ayuda a diferenciar el milagro y su significado: bien se ve que lo segundo es lo fundamental.
Feliz y bendecida IV semana de cuaresma.
