Father Ornoldo Cherrez

Domingo 21 de Junio del 2026

Semana XII del tiempo ordinario

Hermanas y hermanos, lo que hizo Jeremías es una proeza, por supuesto, porque no fueron pocos sus sufrimientos y a pesar de todo y de todos logró salir adelante con su misión y su mensaje. Pero esta proeza no debe quedarse sólo en el siglo VI antes de Cristo. Hoy somos invitados a tener la fe de Jeremías para lograr como él la victoria.

Jesús nos da fuerza ante todo con su ejemplo, luego con su oración por nosotros, y también con su enseñanza. “No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma,” nos dice, y así le da un centro de reposo y un criterio de acción a nuestros corazones, cuando llega el momento de la batalla. Y estos son los argumentos del Señor para darnos fortaleza. Primero, que la verdad es una sola, y que por lo tanto la mentira tiene sus días contados. El que se pone de parte de la verdad sufrirá, pero verá la victoria.

En segundo lugar, lo ya dicho: hay valores que priman. No es lo mismo perder la salud que perder la gracia. No es lo mismo sufrir dolor que escuchar el lamento de la propia conciencia.

En tercer lugar, que hay un límite para lo que los enemigos pueden hacer. Esto es algo que han experimentado quienes han pasado por espantosas experiencias de prisión o tortura. En el centro de su mente han encontrado un reducto de libertad que a veces ni la muerte misma les pudo arrebatar. Santa Catalina de Siena decía que ni el demonio ni criatura alguna puede forzarnos a pecar.

En cuarto lugar, la consideración de quién es el verdadero Juez. Este cargo supremo no lo tiene la opinión pública ni la palabra de nuestros adversarios. El que puede condenar o salvar es Dios. Lo único sensato es permanecer adheridos a él, pase lo que pase.

En quinto lugar, él no es sólo nuestro Juez al final; es ya quien mejor nos conoce y quien más nos ama. El mundo, aunque a veces lo dudemos, no está al garete de fuerzas incomprensibles u hostiles. No somos juguetes del azar ni piñones de un mecanismo anónimo. Cada uno es precioso ante Dios. Lo único sabio es unirse a él. En sexto lugar, Cristo mismo sabe de nuestro combate, y es generoso en retribuir a sus leales. Aunque no es exactamente un negocio, en realidad ningún negocio es mejor que invertir en fidelidad a Jesucristo. Nadie es tan agradecido, tan hermosamente agradecido, como él.

Feliz y bendecida semana
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