Father Ornoldo Cherrez

Domingo 8 de Noviembre del 2026

Semana XXXII del tiempo ordinario

Hermanas y hermanos, a donde miran nuestros ojos, si atendemos bien, notaremos que la diferencia entre los tres hombres de la parábola no estaba tanto en lo que recibieron sino en los ojos con que acogieron lo que recibieron. Tanto el que recibió cinco como el que recibió dos talentos miraron lo que habían recibido; el que recibió un talento miró no lo que tenía sino lo que no tenía. Además no miró a lo que él podía hacer sino a lo que le podían hacer. Su problema no está en la cantidad, sino en la calidad, y no en la calidad de lo que recibe sino en la calidad del corazón y los ojos que reciben.

Es interesante la observación sobre los intereses. Ya en tiempos de Jesús existía la práctica de prestar dinero reclamando un “tókos”, literalmente: una “usura”. Este siervo hizo completamente improductivo el dinero. Hay en esto quizá una alegoría. Dejar el dinero “en el banco”, literalmente: “a los prestamistas”, es entregar el propio talento a otros para que ellos, los prestamistas, hagan lo que uno no puede hacer. El mensaje sería: “lo mínimo que puedes hacer con tu talento es ofrecerlo a otros para que no quede infecundo; si no puedes ser administrador de lo tuyo, por lo menos encuentra quién lo administre para que no se pierda”.

La primera lectura nos ayuda a situar todo este tema en una perspectiva amplia. La imagen de los talentos, que en su sentido primero son dinero en nuestras manos, nos puede hacer pensar sólo en lo que tenemos y no tanto en lo que somos, o en lo que recibimos. En la primera lectura se resaltan otros talentos que se acercan más a lo que hoy llamamos valores: una mujer hacendosa, que inspira confianza, diligente, generosa. Y sobre todo aquel mensaje que nos invita a mirar hacia adentro, hacia ese espacio donde nacen los valores: ” Son engañosos los encantos y vana la hermosura; merece alabanza la mujer que teme al Señor” (Prov 31,30).Nuestros grandes valores y grandes talentos están muy adentro, aunque su fruto es bien visible y claro. Jesús dijo en una ocasión a los suyos: “dichosos vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen” (Mt 13,16). Se refería a las señales de la gracia y a la predicación de la Buena Nueva. Esas señales y esa noticia estan hoy aquí con nosotros, especialmente por la riqueza incomparable de la Eucaristía. Son también talentos que Dios nos concede y que quiere que den su fruto, un fruto “que permanezca” (Jn 15,16).Que Tengan una

Feliz y bendecida semana
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