Father Ornoldo Cherrez

Domingo 27 de Septiembre del 2026

Semana XXVI del tiempo ordinario

Hermanas y hermanos, la palabra que no cabe, que nunca cabe en nuestra fe cristiana es “fatalismo.” Eso de que hay un destino marcado puede servir para algunas obras literarias o para otras religiones. Nosotros, por el contrario, creemos que el futuro es un libro que no está escrito; un libro en el que tenemos el derecho de escribir nuestras propias páginas. Las lecturas de hoy van en esa línea. Nos invitan, casi digo, nos obligan a reconocer que sí es posible cambiar el rumbo. El ser humano no está hecho sino que se va haciendo a sí mismo. Cada decisión que tomas te convierte de algún modo en un ser distinto. Al escoger una u otra opción frente a ti estás escogiendo también un modo u otro de ser.

Por supuesto, el mensaje de la Escritura no es sólo que podemos cambiar sino que podemos mejorar. Nuestra religión es esencialmente un mensaje positivo: la conversión es posible; hoy puedes recapacitar; el resto de tu vida no existe todavía: tú lo llamarás a la existencia. Cambia tu mente, cambia tu corazón y cambiarán también tu vida y tus resultados.

En la primera lectura este mensaje aparece como una invitación vigorosa y abierta a todos: “Si el malvado recapacita y se aparta de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá.” El malvado es aquel que ha hecho muchos males, aún más: es aquel a quien consideramos malo en sí mismo. Pero esa naturaleza perversa no tiene la última palabra. El mensaje es simple y poderoso: No estás atado a tu pasado malo. Ni siquiera las palabras que tal vez tú mismo hayas dicho tienen por qué atarte. El segundo hijo de la parábola de Cristo el día de hoy fue uno que había dicho en voz alta: “¡No quiero!” Pero una palabra sabia pero puede deshacer lo que hizo una palabra necia.

Por supuesto, se requiere más que buenos propósitos. Esto lo sabemos todos los que hemos experimentado cuán débiles somos y con cuánta facilidad quebrantamos nuestras buenas resoluciones. Cristo nos anuncia y nos concede esa fuerza para no sólo reconocer lo que estuvo mal sino para no sentir ya el mismo deseo de repetirlo. La acción de Cristo en nosotros nos cambia el corazón, enseña el Evangelio.

Por eso Pablo, en la segunda lectura de hoy nos exhorta con estas palabras: “Tengan los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.” Es muy difícil obrar como Cristo si uno no es Cristo. Hay que ser uno con él para actuar y vivir como él. Y somos uno con él primero por la fe, creyendo en su mensaje, y luego por el amor, adhiriéndonos a su enseñanza, a su Iglesia y a su Espíritu Santo.

Feliz y bendecida semana
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