Domingo 25 de Mayo del 2025

La Ascensión del Señor

Hermanas y hermanos, Las palabras de Jesús en la primera lectura y en el evangelio de hoy son lo suficientemente enfáticas como para que descubramos en ellas la indicación de algo importante. En la visión de Lucas, todo el acontecer del Evangelio será como un eco de ondas concéntricas que parte de la Ciudad Santa y que va atravesando el espacio y el tiempo y llenándolo todo con su mensaje. El ascenso de Cristo al Padre está relacionado de algún modo con el descenso del Espíritu Santo, que es “del Padre y del Hijo,” como decimos en el Credo. La Ascensión de Cristo es la manifestación clara de la gloria del Resucitado. La nube, más que un simple obstáculo visual, alude sensiblemente a tantas manifestaciones de Dios en el Antiguo Testamento en las que una nube mostró a la vez la cercanía y la distancia del Dios que obra en la Historia pero trasciende la Historia humana. En la segunda lectura, Cristo es aquí el Sumo y Eterno Sacerdote y el punto es: ¿adónde se ofrece su sacrificio? Nosotros difícilmente nos haríamos una pregunta así. Para nosotros la geografía del asunto es clara: el Señor murió a las afueras de Jerusalén, en un montículo que era conocido como el lugar de la calavera. La Carta a los Hebreos, sin embargo, descubre en todo ello un simbolismo muy intenso y evocador. Siendo un escrito dirigido a judíos convertidos que habían amado muy a fondo la liturgia del templo, esta Carta quiere exponer con sus símbolos y términos litúrgicos de qué manera el sacrificio de Cristo es superior a todo lo que sucedía en el templo material de Jerusalén. El sacrificio de Jesús acontece no sólo en el borde de Jerusalén sino sobre todo en el borde de la Historia misma, es decir, se corresponde con aquella cortina o velo que separaba el lugar llamado “santo” del resto del templo. Al morir, Cristo atraviesa la cortina, porque su cuerpo mismo es traspasado, y así ofrece su sangre, más que en la Cruz, en el Cielo. Este modo de hablar puede costarnos un poco al principio, pero una vez que nos vamos acostumbrando a su intensidad de significado nos permite asomarnos un poco a la grandeza del solemne amor que nos abrió las puertas del Cielo, a tan alto precio.

Feliz y bendecida semana con la fiesta de la Ascensión del Señor
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