Domingo 21 de septiembre del 2025

Semana XXV del tiempo ordinario

Hermanas y hermanos, la primera lectura es una denuncia profética, tomada de uno de los grandes profetas, se trata de Amós, un campesino que fue llamado por Dios para una labor dura y larga: desenmascarar las injusticias que se cometían en el reino de Israel y en particular en santuario de Betel.

Lo más interesante del pasaje de hoy es que destapa la estrategia de todos los que quieren ser pillos pero sin que se les note, es decir, dentro de un cierto margen de “legalidad.” Está el que quiere que pase pronto la fiesta religiosa (la “luna nueva”) para sacar su producto, el que altera la balanza, el que vence el salvado como si fuera trigo, y así sucesivamente. Hoy los ejemplos serían otros seguramente: el que lava dólares, el que maquilla la contabilidad de su empresa, el que aprueba en el parlamento leyes favorables para su familia o amigos, el mayorista que no paga importación pero sí la cobra al consumidor… Para todos ellos hay una palabra contundente del profeta, que se resume en esto: “Dios lo ha visto. Puedes engañar a todos, pero no a Dios.”

Queda claro, que, aunque se pueda engañar a mucha gente, nunca se podrá escapar del todo de los ojos de Aquel que todo lo ve. El evangelio de hoy, sin embargo, nos sorprende con una idea nueva: ¿por qué no aprender de los tramposos? Hay dos cosas notables aquí. Lo primero es que el mal nunca es absoluto, en el sentido de que, como bien enseña Santo Tomás, nada hay tan malo que no tenga algo bueno. Dice este mismo santo que, aunque Dios es el Bien sin mezcla de mal, no existe el mal sin mezcla de bien. Y eso lo comprueba uno de muchas maneras. Por ejemplo: para decir una mentira hay que envolverla en alguna verdad; para atrapar a alguien en un vicio hay que ofrecerle algún placer, y así en lo demás.

El evangelio de hoy nos invita a asumir una actitud valiente y humilde a la vez frente a la creatividad de la gente perversa. El mayordomo o administrador ese del texto de hoy se vio en problemas y uso su cabeza para buscar una salida. ¿Somos nosotros así de arrojados e inteligentes cuando nuestros proyectos de evangelización o nuestros esfuerzos por un mundo más solidario parecen bloquearse?

Feliz y bendecida semana
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