Domingo 8 de Marzo del 2026

III semana de cuaresma

Hermanas y hermanos, la Cuaresma, es como ir al desierto con el pueblo elegido que ha salido ya de Egipto pero aun no entra a la tierra prometida. Y es como estar con Jesus en aquel desierto al que fue conducido por el Espiritu Santo. Es normal que se sienta sed, y es bueno: porque esa sed nos conducira al Manantial de la vida. El pueblo torturado por la sed no soporto mas y termino hablando mal de Dios y de Moises, su enviado. Miremos atentamente que les sucedio a ellos y veamonos quiza retratados en el proceso que hicieron y que les condujo a rebelarse contra Dios.

Ante todo, es explicable su disgusto, y muy humano: si hay una sensacion poderosamente desagradable y agobiante es la sed. Pero sobre la base de esa sensacion no hay una reaccion predeterminada. Es posible sufrir y confiar o sufrir y ya no confiar. Es posible hacer del dolor del desierto un camino que nos une mas a Dios y que nos une tambien entre nosotros mismos, o un camino que nos aparte de Dios y de los hermanos. Finalmente la decision no la toman las circunstancias: la tomamos nosotros.

Observemos, aun mas, que el dolor nos obliga a hacer una pregunta. En el caso de los israelitas la pregunta era: Con que proposito nos saco Dios de la esclavitud? Esa pregunta se convierte en rebeldia cuando se presupone que Dios no es de fiar. En este caso la interrogante se vuelve lo que hemos oido: “Esta o no esta el Senor en medio de nosotros?” Hablando asi, el hombre renuncia a apoyarse en Dios sin tampoco encontrar otro apoyo, porque no lo hay. De este modo, la rebeldia se vuelve suicidio, apelacion a la nada. Perder a Dios, aunque sea sobre la base “razonable” del dolor, es perderlo TODO. Aturdidos por el fracaso deberiamos sin embargo escuchar lo que Jesus tenia para decirle a la mujer samaritana, que llevaba su propia y pesada carga de vacio afectivo y existencial: si conocieras el don de Dios… Admiremos la delicadeza de esta invitacion y la profundidad de las palabras que invitan a buscar el pozo de aguas verdaderas. La samaritana intentaba huir de las preguntas de Cristo. Procuraba ocultar su verdadero problema, pero el Senor la llevo a descubrir su necesidad, su sed, y a traves de ella, la gracia de un agua de vida, agua que sacia y no engana.

Feliz y bendecida III semana de cuaresma
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